miércoles, 30 de junio de 2010

Lo cardinal es ordinario a lo ordinal en Competencia perfecta

Antes, existe un orden implícito que subyace en la afirmación de que son “muchos” los compradores en competencia perfecta. Lo correcto es decir que las características de un estrato social y su poder de compra, conforman el número efectivo de compradores para un producto dado cuando este, tiene relevancia en el número total de empresas que pondrán el foco de su atención en ese estrato. Si bien la oferta de una mercancía puede estar dirigida a todo aquel que desee adquirirla, efectivamente ésta, sólo puede ser adquirida por el cúmulo de consumidores que está en condiciones económicas de poder hacerlo. Si los salarios son desiguales, también lo son los consumidores. La restricción presupuestaria primero supone decisiones basadas en posibilidades y después en preferencias. Así, lo que se observa es que pocos consumidores tienen preferencia para optar entre muchas posibilidades de consumo y muchos, tienen pocas posibilidades de optar por lo que en realidad prefieren. De ahí que cada uno de los consumidores de una sociedad conforme lo indique su poder de compra, tendrá patrones de consumo que para la oferta, definirán la relevancia que tiene el volumen como una condición válida pero no decisiva para que haya competencia perfecta y en el interés o el beneficio de todos los que son parte de la sociedad en la práctica. Esta aseveración puede comprobarse desde la óptica de considerar que un grupo minoritario de la población, tiene en sus manos la potestad de consumir la mayor proporción de todos los bienes en detrimento de una amplia mayoría de la misma que no goza de tal situación. Es así que por tal motivo, toda consideración referida a oferta y demanda en la búsqueda del equilibrio, no se conjuga jamás en base al concepto que establece que la mano invisible propiciará en la sociedad, que cada individuo en la búsqueda del “interés propio”, genere un beneficio para “toda la sociedad”, porque el interés de “la mano invisible” en realidad está presente en el número de empresas que tiene foco en ese estrato de la población que le proporcionará mayores utilidades, dada su condición de alto volumen de consumo y no tanto por la magnitud demográfica que este posee. En otras palabras, la tendencia observada en la práctica, indica la existencia de menores posibilidades de consumo cada vez más costosas para una media móvil poblacional cada vez más creciente y que tiene relación directa con la presencia de cada vez más empresas que son atraídas y alentadas a operar en el beneficio de un rango mínimo de la población. Algo que no es eficiente, al menos para la sociedad.

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