jueves, 10 de junio de 2010

El gran cliente y las posibilidades de producción, en una economía “limitada” por un solo factor productivo.

Es verdad, nuestra economía cuenta con más factores. Sin embargo, hoy, tecnología y capital son factores aun más escasos con relación a la disponibilidad de mano de obra “calificada”. Discutimos la incidencia que tendría en la productividad total, una reducción del 25% en la jornada laboral del sector público. El cual precisamente no se expresa como un exponente que define el perfil de “calificado”.

El análisis excluye a los demás factores por tres motivos principales, primero; de nada sirve obtener capital o la tecnología apropiada para desarrollar bienes y servicios para la “sociedad”, si los trabajadores no son “los adecuados” para producir lo que los ciudadanos requieren, entiéndase “adecuados” por -capacitados-.

Segundo; independientemente de la capacitación, la productividad es la resultante entre lo que efectivamente se obtiene y los medios empleados para tal fin. El tiempo es una medida asociada que denota la condición para definir la eficiencia como un todo, según el actual canon que rige para producir y para todo lo que hacemos. Canon hoy sujeto a un replanteamiento general de concepto por los “revisionistas”.

Tercero; la rentabilidad para quien aporta el capital o la tecnología, sea de utilización en el ámbito público o privado.

Contemplado desde el lado de la oferta, lo que tantea El Estado si se enmarca en la figura de una “gran empresa” y lo que demanda la sociedad, como “gran cliente”, para que determinadas “necesidades básicas” sean eficazmente satisfechas.

Una economía como la nuestra está limitada por un solo factor productivo debido a que tecnología, y capital, al tanto que son factores, también son variables, y pueden jugar en contra en un esquema sujeto a la existencia de una masa laboral poco calificada e inmóvil, es decir sin intenciones de superarse y que análogamente es el “gran cliente” para un reducido grupo dominante cuyo perfil está harto comprobado, es incapaz de hacer una lectura correcta que le indique lo que realmente debe hacerse.

Las seis horas no convienen a nadie desde el punto de vista de lo que significa para la sociedad en su conjunto y desde la perspectiva de satisfacer al verdadero gran cliente, advirtiendo que por donde uno lo mire, finalmente, todos somos el gran cliente. Al nivel actual, somos clientes con numerosas necesidades y promesas incumplidas, imaginemos lo que ocurrirá con nosotros si a contracorriente de lo que sucede en el mundo civilizado, nos alejamos todavía más del punto óptimo, de lo que es coherente.

De esta forma, una economía como la nuestra -ergo- jamás podrá insertarse dentro del grupo de economías que compite por la obtención de tecnología, capital y recursos con el propósito de orientarse en dirección al desarrollo.

¿Sabemos de algún inversor que podría consignar recursos a personal poco calificado, ofrece servicios deficitarios y pretende producir -menos-?

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